Objetos inanimados y
amontonados, como por obra de una gran marejada; la arena invisible los
soporta, los reúne. La pirámide, formas indeterminadas, la pelota de acero y el
individuo en el centro. Cuadro antropocéntrico e incógnito: una terra
incognita, una especie de
sistema planetario cuyos elementos orbitan rodeando al sujeto individual,
misterioso como tabula rasa.
Observen
su existencia en blanco; la potencia del todo, la totalidad del ser reunida en
sus múltiples aspectos individuales, actuales y posibles. Un ser que plantea
interrogantes, que escucha, que recibe y aprehende. Contemplativo, receptivo...
Quizá
pasivo, retraído y ausente. No lo creo, me inclino por la primera opción: honda
esencia producto de una existencia plena y brillante, tan responsable como
creativa y original. Buzón de lo bueno y lo sabio, de serenidad y equilibrio;
desapegado de todos nosotros, independiente pero inclusivo. Ser en comunión. La alteridad bien
arriba, en plenitud.
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