miércoles, 6 de julio de 2011

“La geometría de los objetos”. Dibujo en carbonilla.




Objetos inanimados y amontonados, como por obra de una gran marejada; la arena invisible los soporta, los reúne. La pirámide, formas indeterminadas, la pelota de acero y el individuo en el centro. Cuadro antropocéntrico e incógnito: una terra incognita, una especie de sistema planetario cuyos elementos orbitan rodeando al sujeto individual, misterioso como tabula rasa.
Observen su existencia en blanco; la potencia del todo, la totalidad del ser reunida en sus múltiples aspectos individuales, actuales y posibles. Un ser que plantea interrogantes, que escucha, que recibe y aprehende. Contemplativo, receptivo...
Quizá pasivo, retraído y ausente. No lo creo, me inclino por la primera opción: honda esencia producto de una existencia plena y brillante, tan responsable como creativa y original. Buzón de lo bueno y lo sabio, de serenidad y equilibrio; desapegado de todos nosotros, independiente pero inclusivo. Ser en comunión. La alteridad bien arriba, en plenitud.

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